dilluns, 15 de febrer de 2016

Terapeutes florals






     Seguramente no existe una terapia natural sobre la que se haya escrito tanto como la de las Flores de Bach. Tanto es así que actualmente existen cerca de 300 libros en español, de los cuales un centenar son traducción de otras lenguas.

     Esta pujanza editorial es prueba de la difusión e interés que ha suscitado y suscita la terapia creada por el Dr. Bach (1886-1936). El hecho de ser una disciplina con una apasionante base filosófica y el abordaje holístico que de ello se deriva, interesa a mucha gente de diferentes profesiones y tendencias. Por otra parte están sus importantes resultados terapéuticos y su utilidad como herramienta de conocimiento y crecimiento espiritual.

     A pesar de tanta información disponible, a menudo, se confunde la toma de Flores de Bach con la Terapia Floral como un proceso de fondo. Aunque parezca lo mismo, se trata de cosas muy diferentes. Por ejemplo, uno puede aquejarse de algunos determinados síntomas, ir a un herbolario o a una de las tantas farmacias que las veden y salir con un preparado floral. O por ejemplo, mirar en un libro, ver que se coincide en alguna de las descripciones, tomar algunas flores y experimentar o no unos resultados. También no son pocos los terapeutas que en realidad hacen una terapia principal y casi al final extraen un péndulo, lo pasan por los estuches de flores y “complementan” su terapia con unas Flores de Bach. Para nada se puede considerar esto como la Terapia Floral de Bach, sino una toma de las esencias, a menudo, fuera de un contexto terapéutico.

     A diferencia de los ejemplos anteriores, existen terapeutas florales profesionales, que entienden que la toma de las flores no es un hecho aislado, sino que forma parte de un proceso. El terapeuta floral formado adecuadamente entiende que, en este proceso, será elegido por el cliente para que lo acompañe en un período de su vida, hacia la consecución de unos determinados objetivos pactados en la primera visita. Ese acompañamiento deberá ser ético y respetuoso y, para ello, el terapeuta debe estar bien formado y conocer lo que ocurre en la relación terapeuta-cliente.

     El terapeuta no sólo tiene que conocer a fondo las flores que va a manejar, sino también la forma más adecuada de acompañar al cliente en su proceso. La manera de gestionar las expectativas del consultante, lo métodos de, escucha activa más efectivos y útiles para crear el marco terapéutico donde el cliente se sienta escuchado, comprendido y respetado.

     Desde la terapia floral profesional sabemos que no somos sanadores ni técnicos, sino simplemente acompañantes. La curación sólo puede venir del propio cliente, y las flores son catalizadoras de una información que ya existe en nuestro propio interior.

     En cualquier caso, existen diferentes niveles de intervención floral en los que uno se puede situar: desde el más elemental de botiquín doméstico, el de herramienta de autoayuda en nuestra evolución, hasta el de utilización profesional. Cada nivel justifica la existencia y utilidad de las flores. 

     No hay duda de que los beneficios de la terapia como proceso son bastante más grandes que los de un dar o tomar simplemente las flores, aunque en muchos casos se obtengan también grandes resultados.

     Para concluir, me gustaría puntualizar que una flor no es solo una página de un libro con unas indicaciones, sino un rico universo de conocimientos, aportes y posibilidades donde todavía, después de casi 80 años de uso, quedan tantas cosas por descubrir, integrar y compartir.

     Quienes consideramos la terapia floral de Bach como una profesión, trabajamos para que ésta pueda estar en el lugar que merece. Nos formamos e impartimos formación para que quienes quieran convertirse en terapeutas florales obtengan la mejor preparación técnica y humana y estén en disposición de ofrecer a sus clientes un acompañamiento serio y de calidad.

               (Article extret de la revista Universo Hólistico escrit per el Dr.Ricardo Orozco)

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